M. Martínez, poema “Punto Cero”.

3.5

Asomados al pretil
contemplábamos
al Cielo alejándose sin moverse
arrastrado por turbia agua.
Las Ranas repetían aquello
que solo corean las ranas
y… los faros de los autos
retornaban dóciles a la densa liviandad
que preside el vórtice gravitacional
que bulle en los barrios.
Para poder huir
con hojas de papel
fletábamos bajeles de casco cuadriculado.

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