David López, “Aquella noche junto a la ópera”

Aquella noche junto a la ópera

De inmediato desapareciste, fue una noche fría y ahí estabas tú.
Mi cabeza volvía a recordar como eras…
como era estar cerca de ti…
pero ya no estás, cogiste la puerta…
y el tiempo pasó y tu recuerdo desapareció;

Solo te capto en instantes con mi cámara,
un último carrete para poder marcar… paredes que gritan
sábanas de lágrimas… solo miro al cielo y busco las estrellas
mientras mi egoísmo del placer, el hedonismo desaparece
siendo alguien más vulgar.

Recuerdo tus ojos cristalinos, tu voz mezclada con tus manos
tapándome las cuencas de mis ojos… sacando así la humedad del aire,
esa humedad convertida en café… esos cafés que se convierten en
besos largos, tedios, cortos, largos, apasionados o melancólicos
al fin al cabo son besos…

Nos llevan a la codicia, al deseo más profundo, más íntimo,
tú dices que esté bien… yo mentiré diciéndote que si,
escribo y escribo para arrancar ese peso, esa libra de carne de
mi propio pecho que te pertenece por derecho.

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