Miquelius monk, poema “Mover la sombra”

“Conviene, pues, que invente con ingenio,
conozca con el uso, distinga con el juicio, componga con el consejo
aquello que comienza”

Leon Batista Alberti

La ciudad me guiña su ojo
cuando al soñar
cruzo la ventana
y no consigo comprender
por qué mis zapatos apuntan ciegos a la puerta.

A lo lejos
extiende sus brillos la carretera
aluminio en la comisura del glaciar.

Sumerjo mi cabeza
y escucho mis huesos empapados
en rabia teñida
arrancar fina calada
de tus labios definitivos
antes que me deshaga
en el abismo de un vaso de agua.

Paloma humana
me recoges de la ceguera.
«¡Que tu sombra no se sobrecoja!
conoces las medidas de la madera
que componen una pagoda
sin subordinar tus deseos a ningún dios.
Sabes que lo monumental
no se contempla.
No calmes
la palma de tus manos.
Has presenciado con el sol blanco de tus ojos
como el pájaro no teme a la altura
y el cielo se quiebra
en tu sonrisa ilimitada.
Fuiste concebido en una tierra
donde los niños no juegan a la guerra,
y cabalgan sin vértigo
por pabellones de sal».

De pie sobre la linde de mis zapatos
rastreo en la infinidad
de azules pinos
signos
saltos de luz
dejo de temer a los ahogados,
dibujo sombras de cal
que evocan en imágenes
cómo debo enterrar a mis muertos.

«Vivir, vivir a pesar de todo»
Me repito…
sabiendo andar descalzo
por fríos pabellones de invierno.

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