Ignacio Campoy (De Breviario Blanco) “Completas” (Tres).

Completas (Tres).
Sangre.

El ángel de hielo, el ángel helado,
tenía sal glacial en sus labios callados.

El ángel de fuego, el ángel incendiado,
ardía en sí mismo, ardía cansado.

El ángel de fuera, el ángel calmado,
tenía un silencio sonoro y pausado.

El ángel de dentro, el ángel armado,
hería furioso su propio costado.

Los cuatro ángeles germinan alados,
los cuatro, en mi frente sentados.

En esas mínimas oquedades,
junto al abatido árbol abrigado en musgo
y por líquenes custodiado,
observo a la vida sobre el cadáver de la hoja
tejer su delicado y fugaz lienzo.

De otra forma podría haber sido,
más necesidad de muerte diste,
cadalsos y hogueras para la existencia
ingrata ir renovando.
Así la consciencia precisa de la sangre,
el movimiento requiere de lo inerte
y la razón única necesita nutrirse del infame
que dicta atroces conclusiones y sentencias.

Nos otorgaste verdad de tan clara, cristalina,
y junto a ella la ponzoña cainita mirando al suelo,
sin alzar más allá del mañana la vista, repitiendo,
la soez y canalla farsa repitiendo.

Queda pues solo soñar posibles,
un tiempo aventurar alejado de tu cruel sombra,
de esa innoble mentira quedar salvos,
esa que nos acusa de querer saber,
de no conformarnos ni confiar
en tu simbólica y desleal palabra.
Saturno devora a sus hijos,
Tú, los condenas, para malviviendo proseguir,
a una eterna y fratricida feroz matanza.

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