M. Martínez Fdez, La Suicida (De Siniestra Del Aíre).

La Suicida.

Cual estanque,
tan solo desde fuera
los ojos observados.

–Aquel día pudo llover. –Dijiste.
Los observados ojos del plomo
contradicen la luz en la arena de los suicidas.
Paisaje desconcertado en desmoronada
geografía irrumpe de desgajados miembros
amantes. Pudo llover sobre el baldío solar
de tu frente, más no resultaba aconsejable,
aconsejable ni ético.
–Pudo llover. –Te lamentabas.
Por los alrededores de tu vientre,
con sus abiertas ventanas mirando
los intestinos propagarse por la intemperie.

–¡Salta, amor, salta!
Deja mi desilusión y la indiferencia
expuestas en un destrozado cuerpo
de tempranas mañanas.

–¿Recuerdas? Aquel día pudo llover
desde abajo, hasta la plegaria, y ser tu rostro
la mueca terriblemente golpeada de los charcos
mientras los segunderos alarmados
sostenían el pulso a las aceras desesperadas.

Aquel día pudo llover sobre tus brazos
de aleros y cornisas, en tu absurdo afán
de buzones y profanadas señales, de no ser
que las mustias ambulancias comprendieran
que ya era demasiado tarde desistiendo
de la urgencia                        o.
y su roja manzana.                j
………………………………………a
Aquel día, de hecho,              b
dicen que llovió desde muy a

suicida1

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