Florencia Fontan poema, “Atalaya de San Juan”. (Recuerdos de Alzaña).

Atalaya de San Juan.

Sobre la roma piedra, en la cota más alta, como colmillo roto yacía la atalaya. Antiguas piedras por las manos trabajadas, ora templo, ora cuadra o humilde cabaña. El tiempo las tomaba para construir mañanas. Atrás, cuando completa era su planta, vigilaba los mares de moras velas y berberiscos piratas. Alzaña tuvo una torre donde la tierra, de apoco, sucumbía en aguas.
La “Cojitranca” diabla de “cornituerta” testuz allí se mostró por vez primera en hueso y piel encarnada. Tal vez los soñados señuelos de la oronja pintada, o el oculto maleficio del estramonio le dieron voz, presencia sin sombra, y alma.
Y mientras Cristina de cuerpo ebúrneo alrededor de la fogata danzaba, gira loco mundo, tiovivo de magras y variopintas máscaras, María, madre de los mortales, con voz de sibila recitaba:

Diablo Cojuelo
traémele luego,
diablo del pozo
traémele que no es casado
que es mozo,
diablo de la Quintería
traémela de la feria,
diablo de la plaza
traémele en danza…(1)

La figura malhadada al ser llamada, en voz de hembra quedó señalada, y sus atributos, pendolones y hoscos, trocaron en hendidura de profundo pozo. Mirad su torturada forma, su figura dañada, adalid fue desde la cuna que cuando en los cielos los ángeles, contra el tirano luchaban, se armó de valor y encabezó la batalla. Perdida la guerra, la libertad abortada, arrojado fue a los infiernos con la pata quebrada. Triste sino del que apunta alto, también por los suyos fue traicionado. Inventor de la satírica danza, de la música que picaresca ensalza los placeres de los vivos, los vicios de los muertos, cojo sí, pero no tuerto.
E insistía María, y su voz declamaba, conjuros antiguos de amores sin trabas, todo, palabras y danza, alrededor de la hoguera, al feliz compás de una guitarra:

Señor de la calle.
Señor de la calle.
Señor compadre.
Señor cojuelo.
Que hagáis a Florencia
que se abrace solamente a mí
y que me quiera,
y que me ame,
y que si es verdad
que me ha de querer,
que ladre como perro,
que rebuzne como asno
y que cante como gallo. (1)

Y así sucedió todo…

Sobre la terraza, vertidos desde arriba,
la calle, plaza aquella, contemplábamos.
Un juego, barbilla sobre fronteriza balaustrada,
las manos, boca abajo la palma,
lisonjero cojín de la reina para la cara.
Y la diabla, la “Cojuela”, resucitaba.
Entonces:
Techos de vidrio las estancias,
de translúcido brillo el alma reflejada,
magia, polvo y tules, toman en tu boca fiel palabra.

(1) Conjuros populares.

hoguera-playa (4)

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