Carolina Avendaño, “Borges y la Ciencia (Ficción)”.

BORGES Y LA CIENCIA (FICCIÓN)

Uno puede llegar a Borges por tantas vías como caminos llevan a Roma. Y así, acabar perdido en su filigrana de causalidades y casualidades que, entremezcladas, sumergen al lector en el realismo mágico que este autor abandera y eleva al máximo nivel.

Se han realizado múltiples estudios sobre el recorrido literario de este autor, pero el camino que me condujo hasta su obra fue uno más desconocido, el de Borges como patrón escritor de los científicos.

Jorge Luis Borges ha sido considerado como el escritor más citado por los científicos y uno de los pocos cuya literatura ha trascendido sobre otras disciplinas. Así, Alberto Rojo, físico y autor de “Borges y la Física Cuántica” le describía como “el escritor que a todo científico le gustaría ser”. Más tarde, reconocería el Premio Nobel de Medicina de 1984, César Millstein, que la investigación acerca de anticuerpos monoclonales que le había hecho alcanzar el galardón había estado inspirado por uno de los cuentos del autor. Es esta admiración de médicos, físicos y químicos lo que nos lleva a preguntarnos hasta qué punto Borges era consciente del componente científico de su obra. Algunas de sus últimas entrevistas evidencian que ni lo era, ni hubo intención alguna en quererlo ser en realidad. De hecho, en una de sus citas más famosas se distancia del gremio dictaminando que lo único que conocía de física era lo que le había enseñado su padre al mostrarle un barómetro.

A pesar de la ausencia explícita de intención de marcar el mundo científico, al argentino se le adjudica la paternidad de grandes ideas. Exponía a la metafísica como una rama de la literatura fantástica y, a partir de ella, dibuja los bocetos de hitos que han revolucionado nuestra forma de concebir el mundo. La obra más llamativa a la que se ha puesto su firma es Internet a partir de su cuento “La Biblioteca de Babel” recogido en Ficciones. En él se describe un número indefinido de galerías hexagonales, conectadas por cinco anaqueles y treinta y dos libros iguales en cada uno de ellos, con 410 páginas por libro, 40 renglones por página y 80 símbolos por renglón. Así, se establece que en su interior se contienen todos los libros posibles escritos, en un número, aunque elevadísimo e inconcebible, finito. De esta manera, podemos observar la clara analogía entre las páginas web electrónicas y su red de interconexión, con la biblioteca infinita imaginada por Borges.

Sin embargo, Internet, no es la única de sus aportaciones. Se le relaciona como padre de la física cuántica y por la insistencia de que, tanto el azar, como el tiempo, son dimensiones creadas por y para el hombre que definen como casualidades aquello que no llegamos a definir por desconocimiento. Podemos encontrar referencias “En el jardín de los senderos” y en “La lotería de la ciencia”. También es reseñable en su obra la influencia del subconsciente mediante conciencia emergente, que a su vez constituye y se construye a sí misma a partir de la percepción.

Encuadrado por todos en el realismo mágico, los inicios literarios de Borges estuvieron marcados por otro movimiento literario llamado Ultraísmo, siendo considerado en 1921 como abanderado. Este estilo literario marcó su obra posterior y explica su escasa adherencia a la novela y otros géneros más extensos. De hecho, sus características principales divergen de los adornos de la literatura actual, ya que emplea la metáfora como elemento poético, y prescinde de frases accesorias y adjetivos calificativos. Sin embargo, Borges acaba desmarcándose de este movimiento cuando lo considera sobrecargado de artefactos, futurismo y novedades ruidosas. A pesar de la escasa difusión que tuvo la publicación que plasmó este movimiento, la revista “Mural Prisma”, sería el nexo conector a la célebre “Tertulia de los Sábados”, donde Borges conocería a una de sus mayores influencias, Macedonio Fernández, así como sería leído por el director de la revista “Entre Nosotros”,  Alfredo Bianti, que marcaría su futuro posterior.

Por tanto, definir las claves de Borges que le relacionan con la ciencia equiparada en su obra con la ficción, se podrían resumir en el anarcoindividualismo y la identidad como memoria.

El anarcoindividualismo parte de una evolución previa del comunismo con el que contacta al conocer a Pío Baroja, conoce sus obras de la “Hermandad Universal de los Hombres” y la “Declaración del Antitradicionalismo”, así como a Azorín en sus viajes por España. Sin embargo, tras embarcarse en aventuras políticas, acabará por abandonar esta ideología y decantarse por una visión marcada por el anarquismo en el sendero filosófico heredado por su padre, que permite guiarse al individuo por su propia moral en una sociedad sin normas.

La perspectiva definitoria de identidad como memoria está ámpliamente desarrollada en la obra borgiana y es la base de construcción de sus personajes, incluso la visión de sí mismo como persona autor.

Es por todo esto que, si retrocedemos a su poesía, sus cuentos y entrevistas, encontramos en la memoria de los lectores los trazos que dejó este escritor que, mediante la metáfora y el simbolismo, abrió y abanderó la magia de un realismo que, difuminado, confundió literatura y ciencia.

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