M. Martínez Fdez, poema (De Siniestra del Aíre).

Tiempo de Muerte.

Esa energía desconocida enraíza los andamios,
sostiene al esqueleto calcáreo e inmóvil que tétrico
alza los espacios antes surcados.
Detiene residuos flotantes,
acapara las últimas partículas de coral esparcido
y ensalza el éxtasis de las viejas urracas.
Mirlos multiformes, suspendidos e inconclusos
asfixian los armazones con que se construía el alma,
pavor infranqueable, rellenan con su amorfa presencia
las últimas ciudades donde yertos descansaban los sentidos
y sus signos. Palabras, ánimas y palabras.
Inmutable, crecidos los cangrejos de babas y bahías
descarnan a los pobladores y sus humos.
Paso atrás, sudor o lágrimas, pleitesía
que tan solo los cobardes rinden y definen, y el miedo
como una congregación de formas terrenales y líquidas.
Por las cloacas de eso que llamamos mañana
los albatros imperativos hienden sus graznidos,
reclaman espacio, los estratos rígidos donde
se erigen en señoras las colmenas linguales,
el amor como un miedo, una desposesión inquebrantable.
Sumisos y vencidos los túmulos del incendio
se esparce por los hombros, crean cabelleras de ríos
y caudales, dibujan unos ojos donde un hombre
se desorbita y gime inconcebible, donde reina
de tallos vestidas las espadas de los carnavales del horror.
Un horror alto y blando.

 

Chernóbil, 27 años (8)

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