Nerea Atutxa, poema.

– Esquina entre la octava con la cincuenta y cuatro –

Cuadrigas de corazones
asaltan en carretera la ciudadela
parapetos de titanio la resguardan
alzan sus muros y aposta sus arqueros
una imposta inexpugnable
un paraje agrio sin pasadizo subterráneo
retroalimentada por las cenizas de palabras quemadas
suda complejos de belleza.
Queda quieta en el abismo del miedo.

Quizás. Puede.

Queda atrapada en el páramo del vacío.
Rápidos azotes la sitian.
Cuando el atisbo de horizonte se nutre tras el alba
comprende y espera.
No hubo más que luz. Una luz tardía que acabó en el solsticio.

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