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Sueño y Ventana (Óleo sobre lienzo) M. Martínez.

Ese Otro Lado.

Del otro lado de la existencia vengo.
Aullidos de lata, bífida alma acariciando
habitables muros, migajas de instantes
amantes de sumideros y carcoma,
perfumes del amor animal,
claroscuro amigo de aves y química.

Informe, como la irreversible muerte,
el desencanto de las razones, los caminos,
golpean las mejillas del amante,
inaugura un vacío blanco,
la eterna escarcha que llaman desesperanza.

Abril yace en lejana tierra,
amortajado por bayas y manantiales,
un orbe de descarnadas semillas
le envuelve, le acompaña y canta.

Todo hijo del mármol inmaculado,
pétreo imperio de insondable historia,
los labios corroídos y el leve sudario,
túnica gris, urdimbre del desconsuelo.

Arriba la blanca arena aguijonea
los tornasoles de una falsa luna
vendida y vilmente mancillada.
Huellas tristes de astronautas.

Gritad becerros de encadenada lengua,
erigid las andanadas de las madrigueras,
las manos exhaustas que el deseo
oprime con pupila de terca alpaca.

Por las plazas boquiabiertas
enjambres de zapatos y sombreros
se arrastran hasta las costas de las ninfas
arrugando la soledad con bellezas
fabricadas en los arrabales, muertas,
dóciles a las sílabas y perfectas.

Del otro lado del prisma de sangre,
donde todo es real, terco, preciso.
Allí la perturbadora creación no miente,
se desliza ajena, satisfecha de sí misma.

Del otro lado, donde el vacío invade
con su frialdad las tempranas orquídeas.
Donde se nace maltrecho, de ese lado sucio
y gris que cuelga de mi nuca interrogada.

El terrible lado que exige un llanto
imperfecto e inconsolable.

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