FILOSOFÍA SINATRA
(MY WAY)

Madrid,
VI/2018

Esta historia comienza
una mañana cualquiera de primavera,
cuando un portazo catedralicio
despertó al pasillo
somnoliento en la madrugada.
<<And I guess i just don´t know.
Oh! And I guess I just don´t know>>.
Tarareaba.
Y él aún en la adormidera maraña de sábanas.
Ella cogió “prestada”
la camiseta que él más amaba.

Así que nuestro protagonista intuyó
que era difícil volver a ver camiseta aquella.
Frecuentaban los mismos bares
y los mismos teatros, eso no era problema.
Era cuestión de tiempo
volver a ver su melena.

Lucky en boca, pelo atrás a lo Bowie y,
como un duque blanco se limitaba a vivir
en el caos controlado de una ciudad fundada
entre cenizas de una guerra.
Rebelde fracasado.
Disfrutando de los matices de los días.
Eso sí, ¡buscando su puta camiseta
de los Velvet Underground!
Pero sin prisas.
Es cuestión de tiempo que se aparezca.

¡De repente! Un día cualquiera.
El cielo se trasformó en trueno
Y la leona que era saltó mordiendo al cuello.

Sus garras atravesaron su pecho
y él se transformó en un
Zeppelín de plomo cayendo al suelo.
Y nuestro protagonista, abatido,
se zambulló en sus pensamientos.

-A veces te pinto como una reencarnación
de mediterránea diosa.
Aunque mi yo más profundo
quiera pintarse de laica iconoclastia.
La melancolía; dulce, etílica y borracha
tan peligrosa como la desaparición de las abejas.
Me pides racionalidad aséptica
en un mundo de locos.
Pero después de todo,
no puedo evitar creer en vos-.

Ambos dejaron las luger en sus respectivas fundas.
El plan, a priori, no era dispararse
aunque guardasen bala en la recámara.
Nunca se sabía con ellos, la despedida
podía transformarse en tirito de recuerdo
en rodilla del ajeno.

-No hagas un espectáculo, ¡no seas histérico!-.
Dijo la leona.

Abrieron una botella de vino.
Dionisos se bañó en la copa.

-¿A qué ciudad nos trasladamos?
Se me ocurre Nueva York
Hace años que no bailamos por sus calles.-

-Pero si nunca hemos estado en Nueva York Leona-.

Dijo él tras una sonrisa
simulando estar seguro de lo que estaba diciendo.
Aunque sin estar convencido de ello.
El tiempo en este lugar se hacía confuso y etéreo.

-Piensa, no seas imbécil, a ver…
¿has visto alguna película de Allen?-.

-Claro y ¿quién no?-.

-Entonces ya has estado en Nueva York.-
Ella respondió mirando el reloj.

Y una fuerza que obra sin motivo,
que no está sujeta a la casualidad
al espacio o el tiempo.
Aquella que integra la voluntad de la naturaleza
y el universo
los trasladó a unos 60
en los que no habían nacido.

Hablaron que Lucy y el Sputnik,
aún giraban juntos de la mano en el cielo.
Que soldados yankees habían desembarcado en la Bahía de Cochinos y le dieron
la de San Quintín los cubanos.

-¡Que se jodan los Yankees!
Dijo Ella haciendo un aspaviento y derramando
el vino en el suelo.

Que los rusos habían lanzado la Bomba del Zar
en una isla polar,
y que la luz de la explosión
iluminó la cara oriental de Berlín.
Ella le contó
que estuvo en puertos de la Hansa,
intercambiando ámbar
por hojas de marihuana.
Aquellos rubios idiotas creían que las sarracenas
eran expertas en artes mágicas.

Se miraron como dos enemigos que se aman.
-Ésta noche podríamos ser héroes-.
Buddy Holly se quitó sus gafas de pasta.

Tenían vidas distintas y, el infinito
era cuestión de tiempo que se plegara.

Chet Baker a la trompeta
quiso que aquellos dos
fueran héroes por un día.
Y como acostumbraban a hacer
celebraron la misa al revés
danzando en sentido contrario
a las agujas del reloj.
Sombras nocturnas oscurecieron sus sexos.

Sin distinciones.
Su aquelarre era una rebelión
contra los amos del tiempo.

Luchaban contra aquellos
que les quieren sentados
en sillas de hierro.

A la mañana siguiente.
¡catedralicio fue el portazo!

-Pero que vulgar eres por las mañanas…
Tú y la filosofía Sinatra, My way-.
Pensó tirado en la cama.

La calle tarareó…
<<And I guess I just don´t know.
Oh! And I guess I just don´t know>>.

Y él aún, sin su camiseta
de los Velvet Underground.

Frank Sinatra