2.

Una cama, una cruzada.
Ámbar derretido, conocieron nuestras manos.
Tormenta de vello de punta,
viento del este, vislumbra su luna.

Dormida. Eso parecía. Mueve los dedos,
como lirios en penumbra.

Tu pelo, como espuma,
se posa sobre la arena de tus hombros.
Meces, con dulzura, tu perfume,
sobre mis tallos rojos.

-Me prohibo mirarla. No me hacen caso-.

Ojos, como espiral de serpentina.
Un color aún no conocido,
una lluvia de lágrimas,
sueño de Virgilio.

-Labios. Duda. Respira. Susurra-.

Nacida y predicha,
vive en la desdicha.

Boca, se mi sirvienta, se fulgor entre tinieblas.
Domina mis temblores.
Tú. Reina etérea.

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