Poema. Unciti

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Como alambre de espino, se clavan tus miradas,
un huracán dormido, con pinceladas,
azul alabanza.
Amaneceres vislumbran cada andanada,
ni una súplica,
arrastran sus espadas.
De testigo, piedra y escarcha. De vinilo sus
brazos, puertas de esperanza.

Manchas rojas gritaban, descarnadas.
Aplastadas e insolentes, tus cejas, resistían,
irradiaban negra, venganza ansiada.

– Tu camina. De pie. Cada gota, anodina. Acaba
conmigo. Ven. Termina. –

Como un solsticio llegó. Le susurraba la
nostalgia. Volvería con su “yo”, su más ansiada,
infancia.

 

Diosa nórdica

Nótt cabalgando a Hrímfaxi. Imagen de Peter Nicolai Arbo (pintor del XIX)

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