FELIZ,
LIBRE
Y OLVIDADO

A Olga

Madrid,
V/2018

En esta historia a las puertas de la ciudad
no hubo vándalos, hunos o alanos, menos aún grandes elefantes traídos desde Cartago.

Ya me lo dijeron mis consejeros.
Pero no recuerdo muy bien ese invierno…
Evoco manso y cansado de hastío en la desidia autoimpuesta flaqueza del trabajo conseguido.

Estúpido de mí
joven príncipe de la bética
tenías el foro a tus pies
y la gloria laureada
en tu cabeza.

Fuiste tú, emperatriz que esfinge esculpida en anverso de mi alma derramó fuego veneciano en mis costas.

¡Traición! vociferan.

Me sorprendió como rostro que tanto conocía
en su plenitud y profundidad,
se volvió ecléptico en sus formas.

Conseguí huir del fuego,
galeras a la mar,
recordando que una vez fui marinero.

No abandonando la idea de encontrarte
te busqué en puertos.

Recordé que debía de tener cuidado.
Cuentan historias donde la luna
se perdió en uno de ellos.

Debió de ser cuando se detuvo a contemplar
el sonido del viento…
Pensé.

Una maga dijo que volviera a Iberia,
y me hiciese príncipe de una hacienda,
bajo la sombra
de dulces higueras.

Amé esa idea,
en la que el sol,
alumbra las melancólicas colinas del hedonismo.

Y olvidado…

La corona imperial
ya descansaba en Bizancio.
Si preguntas por mí,
te dirán…
Feliz, libre y olvidado.

John Singer

John Singer Sargent. Alhambra, Patio de los Arrayanes. 1879