REY DE MACEDONIA

A mi madre

Madrid,
IV/2017

Heredero protector del Santuario de Delfos.
Alma troyana,
cimiento que tus huesos adintelan.
Bárbaro macedónico,
dueño de las perlas
más bellas del Peloponeso.
Cada una brilla distinta a otra.
Seguís al hetairoi
dueño de su sombra.
Al que todos gritan.
¡Rey de Macedonia!

 

Como si de una estrella del rock se tratase
creen en la providencia del elegido de dioses.
No te vicies que lo jodes…
Piensas.

Sobre las colinas de Gaugamela
Alejandro se dejó llevar por la emoción…

-No quiero pensar en lo que viene.
Sin rodeos… se honesto.
Aquello que por supuesto vendrá
Y que me espera al otro lado.-

-La locura y ambición por la belleza de las cosas.
Un mundo desconocido se viste de ocaso o de alba.
Pero claro, sin la caída, la gloria no se vestiría de color púrpura.-

-El placer de vivir
Y tener la mente presente.
Es un claro estado de consciencia…
Prefiero la consciencia, que la indiferencia.
Saborea la gloria de haber nacido.
Los dioses también caen.
Yo soy uno de ellos.-

-Madre no hay lenguaje privilegiado
por encima de ti,
necesito sabias palabras
antes de partir.-

Olimpia miró al firmamento
y sobre mar Egeo exhaló.

-No temas Alejandro.
Tu falange de hermanos te acompaña,
antaño abrieron sus sarissas alas
contra las garras del Gran Rey.
Ahora seréis vosotros los que os vistáis de gloria
convirtiéndoos en centauros del desierto iraní.-

– Escucharás a las aves migratorias
guiar tus pasos, pero la ambición humana
encenderá la llama de la locura,
recuerda que Dionisio
dejó su impronta vid
en mi seno.-

Y el sol
exhaló madrugada
quebrando el Helesponto su forma.
Vosotros que seguís al hetairoi
dueño de su sombra.
Porque a lo lejos
vieron cabalgar
al último rey de Macedonia.

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Estatua en bronce de Alejandro montado en Bucéfalo (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles).