Lyceum-Club-Femenino-774x320 (2)
Lyceum Club Femenino (La Generación del 27 ocultada)

Bajo la lluvia Sinsombrero.

Amaneció el cielo limpio y claro, después de todo un día de lluvia, torrencial, anhelada, en que la tierra sedienta absorbió con avidez cada gota, toda porción que desde arriba las nubes lanzaban airadas, joviales, necesarias. Si, la aurora trajo al sol y las nubes se alejaron. El terreno, cosas del cambio climático, aguanta jornada tras jornada la sequedad que le va imponiendo el transcurso del tiempo, paulatino, implacable. Se agrieta el suelo en una sucesión de minúsculos continentes, ínfimas hendiduras que componen un mapa imaginario. Después, mucho después, la lluvia retorna, primero aglutinando esas porciones separadas, se cubre la tierra con lo que el cielo escupe, se empapa hasta sentirse ahíta, henchida, y es entonces cuando los caudales, las torrenteras, se desbordan de tanta agua precisa y por ello derramada. Todo es gozo ante el justo ímpetu. Agua, agua por siempre necesaria.

Recuerdo a finales de la década de los setenta, todo yo impregnado de juvenil arrogancia y desconocimiento, en un momento de inmerecida lucidez predije, con rimbombante afirmación, que perderíamos la palabra en el mismo momento que la faz, el rostro en negativo del comandante, el Ché, se vendiera impreso en una camiseta expuesta en lujosos escaparates junto a novísimos jeans de “marca”. El tiempo, a mi pesar, hizo buena la predicción, pero…, ¿estoy divagando? No, es una simple recomendación.

Lo cierto, lo incuestionable es que ayer llovió, María Zambrano, las aceras acharoladas brillaban repletas de palabras de agua, Magda Donato, las acequias cantaban ocupadas, Concha Méndez, los paraguas se deshacían bajo el manto implacable de la realidad, María Teresa León, un coro de desagües vertían la verdad a plomo sobre un asfalto en creciente marejada, Josefina de la Torre. Un cielo feliz y colérico, cansado y en pie de guerra se desbarataba sobre las plazas y avenidas de todas las ciudades, arrastraba la suciedad de siempre hacia las eternas cloacas, Ernestina Champourcin, Marga Gil-Roësset, Rosa Chacel, María Teresa León, Ángeles Santos Torroella…

Llovía y se quitaron el sombrero, “Las Sinsombrero”, Maruja Mallo, Margarita Manso, con Salvador y Federico, aguacero de piedras desde el aíre en la Puerta del Sol, generación del veintisiete, amputada, desmembrada y, por silenciarlas a ellas, doblemente acallada…, ¿sigo divagando?

Hoy amanece un cielo azul que daña los ojos, un horizonte rejuvenecido y un suave aroma a ozono.