“Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para un hombre justo está en la cárcel.”1

Un país colosal, gigante, no nos hacemos idea de lo grande que es. Un conjunto de estados unidos con su propia ley pero todos bajo un mismo lema. In God we trust. Los abanderados de la religión católica, el faro del ejemplo y el guía social y cultural más poderoso del mundo. El pueblo elegido. Cincuenta y una regiones, a cada una diferente, entre ellas y así, entre todos. Mucha gente y los núcleos poblacionales más grandes y extensos. Hollywood, Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Houston. Bebemos de los estados unidos de américa, dulce jugo de la felicidad, sueños y libertad. Amén. Educación, sanidad, armas, guetos, discriminación, delincuencia. Amén. No, eso no, la mentalidad europea que no se deja mal influenciar por ese liberalismo sobrecogedor. El faro que se apaga de vez en cuando para ocultar ciertas historias desagradables a su paso. Florida, colegio, armas y óbitos. Sanidad, empresas de seguros carroñeras y estafas. Educación, becas deportivas, analfabetismo y elites sociales. La luz del faro se funde para que los navíos no lleguen a ver lo que sus costas esconden, los problemas que arrastra desde sus comienzos históricos.

Desde el 14 de abril de 1865, puede ser, desde el palco de un teatro donde de un disparo pereció el hombre de la chistera, Abraham Lincoln, así siempre a los tiranos2. Tiranos o demócratas depende de los ojos de quien lo vea. La brecha Norte-Sur no se ha cerrado, tardará años en que el racismo y las desigualdades sociales se equilibren o incluso (utópicamente) desaparezcan. Desde el 4 de abril de 1964, puede ser, desde el porche de una casa en la que el pastor Martin Luther King se desangró o desde el 9 de agosto de 2014, puede ser, desde cualquier calle en la que algún chaval rozando la veintena regara la acera con el néctar de sus venas, ya que, no debía estar ahí, con ese color de piel no.
No ha pasado tanto tiempo, fue ayer cuando en un barrizal de Pennsylvania se rescataban votos del congreso para aprobar la Proclamación de Emancipación. Fue ayer, cuando se preparó la marcha desde Selma, Alabama, para llegar a Washington, debajo de ese tirano que quiso aunar en un solo discurso personalidades diferentes. Y así, el señor King disfrutó del igual final que Lincoln, ambos se habían vestido de esqueleto y durmieron de plomo. Como muchas otras personas que, sin escribir un discurso improvisado o sin soñar un sueño legendario, forman parte también de los mártires de la patria. Se recrearán batallas de la guerra civil, se pisará la hierba donde antes extractos rojos habían manchado las flores de los campos y aun así, se seguirán cometiendo las mismas estupideces. Porque un discurso épico solo es provechoso, solo sirve a oídos de quien entiende y comprende sus poderosas palabras. Si el que escucha no lo hace suyo, si el sueño no es de todos, los colegios de Estados Unidos de América tendrán que seguir instalando detectores de metales. Se seguirá llegando al hospital en taxi por ser este transporte mucho más barato que el coste de la ambulancia y las personas negras seguirán siendo las sospechosas de cualquier delito cometido.

Yo sí que tengo un sueño. Sueño en el día en el que se escuche, en el que estos dos grandes discursos compuestos para inyectarse en el cerebro de las masas fluyan por el torrente sanguíneo y marque la piel, tinte las mentes incoloras encerradas en ella. Sueño en el que las personas adelantadas a su tiempo por sus descubiertos ideales no perezcan en teatros, porches o aceras. Invento una realidad de colores, el negro, el blanco y todas sus variantes se escuchan y el norte y el sur son simples puntos cardinales. La voz de los oradores no son discursos escritos en papel, son ideas y palabras que hacen eco en una nueva aurora de libertad y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la Tierra 4.

1 THOREAU, HENRY DAVID: Desobediencia Civil, pg.11
2 Palabras pronunciadas por el asesino en latín: ¡Sic semper tyrannis!                                  3 HERNANDEZ, MIGUEL: Viento del pueblo, poema a Federico García Lorca, 1937.              4 LINCOLN, ABRAHAM: Final del discurso de Gettysburg, 1863.

Nerea Atutxa

AMI VITALE- PHOTO

Fotografía: Junio, Guinea Bissau, Khady Blade intenta mantener el calor de la mañana, retrato de Ami Vitale (National Geographic)