Miquelius Monk, de Palacios en la Memoria

APÁTRIDA

A Matthew, Alonso y José

Madrid,
II/2018

Ya se disuelve resplandor ocaso
en horizonte costa occidental.
Aquí, en Mainake, amiga es la noche del viajero,
de la brisa y una buena conversación.
Entre luces amarillas, verdes o rojas
sobre terraza enredadera
comienza esta historia.

No desvirtúes,
sigue senda aquella, que la diosa poliada
difuminó en tus pensamientos.

<<Sé apátrida
recuerda>>.
Conveniente será,
de la bahía que te dio forma
nunca olvides.
Ya crecida,
supo te ausentarías.

Disgustada por ello no está…

La ciudad que te vio nacer
te da las bienaventuranzas
en los meses estivales, y las panateneas
danzan con antorchas hoplitas.
Tú séquito fiel a ti,
cruza alamedas y avenidas.

La huida entiende, lo que no saben
es de tu alma niña aventurera,
aquella que no espera…
esa que no descifra lo que pregunta.

<<Se apátrida
recuerda>>.
Repito…
Nunca olvides la ciudad que te vio nacer,
y más importante que lo anterior,
ni a los iguales atrás dejados.

<<Os echo de menos y deseo que estéis bien>>.

Desnuda, te adentras en la caverna,
profundo abrazo de fuego y tierra,
has de encontrar el tótem que sonríe
a la más lejana estrella.
Cumple la ruta,
para así completar el círculo
y partir con fuerza
a mares
que Heródoto dejó escapar.

Imagen: Janis Joplin y Grace Slick

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