Cuadro-37
Paisaje Mediterráneo. Picasso. 1956

              IKIGAI

                    I

Varado en costas malacitanas
iré a buscar la belleza
donde el aire respira azul.

Marineros y pocas bibliotecas
(eso cuentan maliciosas voces extranjeras…).
¡Merdellona! ¡merdellón!
Se grita desde las azoteas.

En todo caso
toledana en la derecha
vizcaína en la siniestra,                                                10
un jubón y cuatro maravedís,
un sombrero de ala ancha
y un rosario al que acudir.
(sólo, si la situación me ha de despedir).

Volviendo al mundo terrenal
intercambiando palabras y charlas
me invitan a un cigarro de hachís.
—Rumbo contemplativo
el que debe transitar
nuestros sentidos—                                                         20
me di cuenta de que el despertar
de una sola palabra
es el éter más profundo.

II

Ahora sé que estaba colocado
paseando por Atarazanas
bajo un sol que derrite alas,
caí filtrado por el cielo
recogiéndome en el trayecto
misterioso susurro de un hada.

Me precipito a besar tus caderas                                   30
(no condenes mi acción de posesión).
Sí, sé que eres una puta mentira
de mi ensoñadora imaginación.

Aun así, eres mi musa de Instagram,
cosificarte es la única acción
que me permito realizar, es más,
te he puesto voz y oficio,
te imagino paseando por Madrid
entre bares y calles,
pero por ti saquearía Roma                                               40
al mando de las últimas tropas imperiales.

III

—Cuando aprendas
el camino de la perfección,
se acabó la magia de improvisar.
—Me dijo Hugo, abad de Cluny.
—Nunca esperé encontrarte
en una alcazaba nazarí.

Bajo el halo del austericidio
castellano, hallo consuelo,
la noche cae enfriando mis huesos.                                   50

Huyendo del mundo contemplativo,
de sueños y dejando de buscar
la perfección. Islas convexas,
truenos, relámpagos bajo la
melodía de una nueva canción.

 

Málaga, XII/2017

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