Poema (De Las Islas Conjuradas) por M. Martínez Fdez.

Fayum-01

Epístola a Aurelio.

Admiro, claro y joven Aurelio,
por la lírica tu apasionado gusto,
observaciones sutiles
y exquisitas que como aventajado
discípulo al amor y sus servicias
dedicas, por ello no temo
en la tentación caer del ingrato
expresar de tan noble ejercicio.

Aquí nos detuvimos, tal era tu agrado,
en la bella Cnossos cretense,
sin par anfiteatro que las helenas
orillas nos muestra y ante la mar,
que en sus tibias costas anida,
decir quiero lo banal de un alma
que en la palabra extendida
y mostrada espera.

Antes la anémona, los lilios,
reflejo fiel encontraran en mirar ajeno
que igual comprensión a tus versos
en corazón alguno y es por ello
que en heredad recibas el aciago
conocimiento de íntima soledad merecida.

No busques sílabas en la ola,
solo reiterado eco obtendrás,
y a veces, el almibarado o elegiaco
disparate de las sirenas te hará
tu estela imborrable perder.
Más no sufras, atesora escondido
secreto que en esta ocasión
desvelarte quisiera:

No veas a todo hombre
como merecido y completo galardón,
la frágil larva del supremo
esfuerzo se precisa para dotar
de aíres los sueños más heroicos,
usa pues sin avaricia
labios y vientres, bebe,
hasta saciarte del lodo
que acrecienta la laguna, después,
los mimbrales te aguardan,
campánulas y retamas,
libélula remonta irisada
cual alhaja de diosa egipcia
sensatez y vuelo
en tu alma recobrados.

No te demores admirado en la hermosa
estampa que unos aromáticos
dedos puedan procurarte,
ojos que como pozo son,
profunda reverberación de cielo
reflejado, celosos de tu estampa,
de cristalino oscuro y ciego,
nunca dicha perpetua sabrá prodigar,
si no la mezquina estrechez
de espacios grises y amurallados.

Ecos, indócil Aurelio, el resonar
en túmulo buscado y ofrecido.
No olvides que la amplitud
de tu grandeza puede convertir
tu espíritu en absurdo carnero
a amorosas arpías inmolado.
Aléjate entonces de loores
y vanaglorias, que tus pasos
no precedan la visual fanfarria
de los lictores en procesión.
Sé tú el embajador y tu propia patria,
que es solo la tierra, y la arena solo es,
el tiempo en el vidrio secuestrado.

Luz de faro perpetuo en la eterna
noche de lo humano.
Triste Alejandría refulgente
en el basto universo
de la sangre errónea, del caos
ordenado del deseo.
Recuerda el mortal áspid
de los reinos de la carnaza,
el solivianto de las horas
que al sueño secuestras
y que si gloria prevalecen
sobre el temblor de la carne,
porque jamás sabremos donde
la verdad habita, si en unos ojos
por ellos prisionera,
o en los sagrados textos
que en vano recitamos.
Aurelio, de estos errores se colma
el corto recipiente que tu vida
contendrá, no evites entonces
equívocos ni maledicencias pues
tu paso por aquí estará
sin saber asesinando.

Málaga.
Entre mil novecientos ochenta y tres, ochenta y nueve.

1710023669274.barcode2-72.default.png

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s