Recuerdo Amniótico.

M. Martínez Fdez

Sentado frente al teclado observo. La luz de la lámpara crea un círculo, una imaginaria pista de circo donde las vocales, las consonantes y todos esos signos preguntones e histéricos, asisten en directo al ensayo de un espectáculo aún indefinido. Mientras, desde atrás, escucho el sonido gastado, opaco, el arenoso y cóncavo ritmo de una melodía “lo-fi”. Suena como si alguien intentara, con una almohada, ahogar a la música y está, luchando por su existencia, lanzara estertores abollados, asonantes pálpitos de un corazón que se afana por seguir existiendo. Resulta curioso, se esparce sin obstáculos, ocupa toda la estancia sin intromisiones, permite a los dedos ejercitarse según el aleatorio dictado de la mente y el subconsciente. No molesta ni intenta reclamar atención alguna. Simplemente existe, y lo hace desde un tiempo remoto, cilindros fonográficos, arcaicos magnetófonos donde fanáticos de lo auténtico, de la vida en directo, graban los acordes del Harlem de entonces, Mamie Smith y “Crazy Blues”, doce compases suficientes para que el hechizo negro te atrapara. Pero lo que suena, lo que en este instante ocupa todo, no es un blues, son acordes más recientes, hip-hop, funk y house, sonidos de siempre en “Low Fidelity” aderezados con interferencias externas, voces lejanas de niños jugando, un tren que llega, pasa y se aleja por el imaginario túnel del altavoz izquierdo. La melodía sueña, escribo, medito sobre todas esas posibilidades y ella continúa lanzando notas, ruidos y el inequívoco sonido de una aguja arañando sin piedad un vinilo. Tal vez la música necesite ser escuchada así, en mitad de la vida, lejos del muerto silencio de auditorios y de la individualidad capitalista de los auriculares. Pudiera ser que la “lofi” resulte la forma natural, analógica, de mezclar el presente inmediato, y eso que fue empaquetado tiempo atrás en obsoletos soportes. O sencillamente es más simple aún, más personal y animal, pudiera ser que aquellos primeros sonidos, el latido del corazón de mamá, la música que entonces se escuchaba en la radio, las voces que en el jardín cercano hablaban de juegos y niños, nos llegaban así, en calmada “low fidelity” a través de la pared de la placenta, filtrados por el líquido amniótico, y eso, que quedó enquistado en la conciencia, nos permita hoy seguir respirando mientras escribimos, soñamos y escuchamos música de calidad imperfecta, como la misma vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s