No hablaré de ti, lo harán los mercantilistas, esos que nos venden la vida en entregas semanales, a trozos establecidos y de vencimiento programado. También te glosarán aquellos que, con tesón triste y diario, constatan que el tiempo es cíclico, repitiéndose como la vendimia o las fiestas patronales. Usarán las mismas manidas metáforas y pensarán, en un alarde de injustificada autoestima, que llegan al alma de los otros, esos otros desalmados. Los habrá que en tu nombre añoren el ayer o, positivos y con afectado optimismo, os den consejo, esas frases vacías que pretenden ser un norte, un camino a seguir, pequeño y mediocre, hacia donde reina el tuerto, pobres ciegos. No, no hablaré de ti, tan solo diré tu nombre: septiembre.

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